Por Jenily Silva
La mayor tragedia no es la muerte, sino la ausencia
La ausencia de una vida que estando presente
Carece de propósito y visión, legado y consecución.
La muerte a veces sólo pone final a la agonizante existencia del inexistente
El remordimiento es el gusano que devora, aun en vida, a los cuerpos vivientes.
Valorar el tiempo, que velózmente se escurre de nuestra manos, es un agregado a la vida de disciplina que a veces despreciamos.
Nos apresuramos a ser lentos y cortos de vista;
Para después descubrir que la desgracia de nuestra indisciplina son los sueños no cumplidos, los propósitos no alcanzados y los gritos de victoria que se quedaron atados al arbolito de navidad del año pasado.
Ya entrando Febrero, la lista de propósitos del año nuevo se vuelve obsoleta y nos maneja cual marionetas.
La mayor tragedia no es la muerte, sino la ausencia
La ausencia de un legado que transcienda nuestra sendas
Y nos conecte, aun de cuerpo ausente, con generaciones venideras que apacentarán el fruto de nuestra siembra.
La mayor tragedia no es la muerte, sino la ausencia!
Hoy hablo a los muertos presentes
Para recordarnos que mientras nos quede aliento hay esperanza
Y mientras nos queden días, continua abierta la posibilidad
De vivir más que de existir
De dar más que de quitar
De sembrar más que de arrancar
De empezar y no descansar hasta terminar.
Hay lápidas que yacen silentes.
Lápidas de mármol que resguardan la existencia del algún inexistente.
Mas hay lápidas que yacen vacías pues la relevancia de su legado continua trayendo a la vida al que falleció, mas nunca pereció.
Al que ya no está pero aun permanece!
Gracias heroica madre por tu legado.
Te amo







